‘Días de pesca’: cuando la Patagonia se interpretó a sí misma (Sorín 2012)
En 2012, el director argentino Carlos Sorín estrenó ‘Días de pesca’, una historia íntima y silenciosa sobre un hombre que, luego de atravesar una rehabilitación por alcoholismo, viaja a Puerto Deseado con la excusa de iniciarse en la pesca de tiburón. Sin embargo, detrás de ese viaje existe otro motivo más profundo: reencontrarse con su hija después de años de distancia.

Como ocurre en gran parte de la filmografía de Sorín, la verdadera historia parece estar también en los márgenes: en las rutas interminables, en las estaciones de servicio perdidas en medio del viento patagónico, en los silencios largos y en las personas comunes que aparecen en cámara con una naturalidad imposible de actuar.
La película fue rodada, entre otras, en Puerto Deseado y Jaramillo. Pueblos que se encuentran aproximadamente a 120 kilómetros por Ruta Nacional 281, una distancia que para cualquier de nosotros puede sonar “cercana”, aunque en otras regiones del país represente un viaje considerable.
Y es justamente ahí donde el cine de Sorín encuentra parte de su poesía. En la Patagonia, las distancias forman parte de la vida cotidiana. Las rutas rectas parecen extenderse hasta el infinito y los pueblos aparecen como pequeñas islas humanas en medio de la inmensidad de estas tierras Patagónicas. En películas como ‘Historias mínimas (2002)’, ‘Bombón: El Perro (2004)’ o la propia ‘Días de pesca’, siempre existe un momento ligado al viaje: detenerse en una estación de servicio, compartir un café con un desconocido, cruzarse con trabajadores rurales o habitantes anónimos que parecen representar mejor que nadie el espíritu patagónico.
No son personajes grandilocuentes. Son personas comunes. Playeros, mecánicos, camioneros, entrenadores, empleados de pueblos pequeños. Gente acostumbrada al viento, a las largas esperas y a una forma de vida donde el tiempo parece avanzar distinto.
Ese recurso no es casual. El cine de Sorín mantiene una fuerte influencia del Neorrealismo italiano, movimiento surgido en Italia tras la Segunda Guerra Mundial y representado por directores como Vittorio De Sica (1901 – 1974) o Roberto Rossellini (1906 – 1977). El neorrealismo proponía filmar en escenarios reales, utilizar iluminación natural y, muchas veces, incorporar personas sin experiencia actoral para alcanzar una mayor sensación de verdad. Películas emblemáticas como Ladrones de bicicletas (De Sica 1948) transformaron la vida cotidiana en materia cinematográfica.
En Días de pesca esa idea aparece con claridad. Más allá de actores profesionales como Alejandro Awada o Victoria Almeida, gran parte de quienes aparecen en pantalla son habitantes reales de la región interpretándose prácticamente a sí mismos.

Uno de los casos más recordados es el de Oscar Ayala, reconocido en Caleta Olivia por su historia dentro del boxeo argentino: fue sparring de Carlos Monzón y entrenador de Jorge “Locomotora” Castro. En la película interpreta justamente a un entrenador de boxeo, borrando casi por completo el límite entre ficción y realidad.
También aparece la Licenciada Graciela Rudkin, actualmente al frente del Hospital Modular de Caleta Olivia, quien en el film interpreta a una doctora. Son participaciones breves, pero fundamentales para construir esa sensación de autenticidad que atraviesa toda la obra de Sorín: rostros conocidos, formas de hablar reconocibles y escenas que parecen más observadas que actuadas.

Quizás por eso sus películas generan una identificación tan fuerte en quienes habitan la Patagonia. Porque no buscan romantizar el sur ni convertirlo en postal turística. Lo muestran como es: enorme, silencioso, áspero y profundamente humano.
El reconocimiento internacional acompañó ese estilo. Días de pesca formó parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 2012 y obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana ese mismo año.
Actualmente, Días de pesca puede encontrarse en algunos espacios digitales vinculados al cine argentino y también circula en YouTube a través de distintas subidas realizadas por usuarios.
Para muchos espectadores, especialmente fuera de los grandes centros urbanos, la permanencia de este tipo de películas en plataformas digitales resulta fundamental. No solo por la posibilidad de acceder al cine argentino desde cualquier lugar del país, sino también porque obras como Días de pesca conservan un valor especial: documentan paisajes, modos de hablar y rostros de una Patagonia que pocas veces aparece representada con tanta honestidad en la pantalla.
En tiempos donde gran parte de las producciones audiovisuales buscan espectacularidad o velocidad narrativa, el cine de Carlos Sorín continúa encontrando fuerza en lo cotidiano. En una charla silenciosa al costado de la ruta, en una estación de servicio perdida entre kilómetros de estepa o en la presencia de vecinos reales que terminan transformándose, casi sin proponérselo, en protagonistas de una historia profundamente humana.
