Escritores: “Un lugar para irme” por Eliora Ferré
Encontré el lugar para irme.
No lo planeé, solo apareció frente a mí.
Se sentía tan solo y abandonado como yo.
Planear el viaje era tan sencillo y práctico que parecía irreal, solo bastaba una salida corta de la ciudad, una mochila con lo necesario y el mismo ímpetu y decisión que aparecen en las entrañas cuando la decisión que se esta tomando es la correcta.
Me llamaba, a gritos, desde lejos mientras lo miraba. No me podía acercar todavía, necesitaba estar sola. Era perfecto, simplemente perfecto.
El día por otro lado, no acompañaba para nada el momento, una brisa intensa parecía querer borrar a remolinos la conexión que el paisaje había creado entre nosotros, intentaba con cada ráfaga volar los pensamientos de mi cabeza, el sentimiento de mutuo entendimiento, la soledad, la agonía.
Tanto intentó despojarme de todo que llegue a mirar hacia otro lado en algún momento, pero como si fuese un imán volvía a mirarlo. El viento no le afectaba, seguía ahí de pie, firme llamándome, imponiendo su voz sobre todo, llenando los vacíos con sus promesas.
Sé de sus días de gloria, donde por falta de otras cosas, él fue tan útil; conectando gente, ayudando a la ciudad que lo vio llegar, formarse, ser algo imprescindible.
Pero no todo dura por siempre y sobre todo no la gloria, a medida que dejaban de necesitarlo dejaron de prestarle atención, cada día un poco más lejos de la gente; cada día un poco más solo.
Así nos conocimos, completamente solos, abandonados. Compartiendo la carga de estar pero no ser. Me invitaba a irme, lejos, muy lejos, a un lugar que todos dicen que existe pero que nadie conoce.
Me llamaba a acercarme, se veía tan firme, imponente, pintado de un verde ya gastado por el sol, por el viento y el frío; alto, de hierro forjado. Me invitaba a subir en sus rieles y sin pensar en nada más, abrir los brazos e irme, mirando al hermoso atardecer que se contempla desde su altura.
Encontré el lugar para irme, fue una conexión instantánea, casi mágica. Perfecta tal vez sería una palabra más adecuada. Bastó solo un grito de asombro y que llamaran mi nombre para desviar la mirada y romper el hechizo.
La unión tendrá que esperar, tal vez más adelante, cuando realmente sea tiempo, vuelva a él, en un atardecer de un día ventoso, suba a sus rieles, abra los brazos y vuele hacia el horizonte.
